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El Perro que Viajó al Extranjero


Había una vez un perro llamado Manchas, que vivía en una tierra castigada por el hambre. Continuó por un largo tiempo y muchos perros y otros animales murieron por la necesidad de comida. Temiendo por su vida, Manchas decidió que su única esperanza era abandonar su hogar y viajar lejos.
Después de caminar por muchos días, viviendo de cualquier sobra que podía birlar de aquí y de allá, llegó a un poblado en una tierra floreciente. Encontró allí una enorme casa donde los dueños eran muy liberales y caritativos. Cada día ponían todo tipo de alimentos para los animales locales. Manchas comenzó a ir allí regularmente, disfrutando de variedad de comestibles para alegría de su corazón.
Sin embargo, cuando estaba regresando de la casa un par de días después fue asaltado por una jauría de perros. “¿Quién te invitó aquí?” gruñeron. “Mejor márchate.” Cayeron sobre Manchas y hundieron sus colmillos en él. Manchas salió corriendo y se escondió.
Al día siguiente trató de escabullirse furtivamente en la casa por un poco de comida, pero de nuevo fue visto por la jauría, la que otra vez le dio una feroz mordida. Después de algunos días, Manchas decidió que ya era suficiente. “Las cosas pueden estar mal en casa, pero al menos puedo vivir pacíficamente. Me marcho.” Dicho esto, se abrió camino de regreso a su propio país.
Moraleja: Quédate en tu propia tierra
Boca Roja terminó su historia diciendo, “Y así, mi querido amigo cocodrilo, te sugiero que regreses a casa y enfrentes valientemente a tu enemigo. Como dice el proverbio, la riqueza obtenida sin esfuerzo no da placer al valiente. Por lo tanto, esfuérzate y gana de vuelta tu hogar.”
Dientes Terribles no perdió más tiempo. Nadó rápidamente de regreso a su casa y enfrentó al otro cocodrilo. Con determinada resolución lo superó y lo mató y así continuó viviendo pacíficamente por muchos años.

El Chacal Diplomático


Había una vez un chacal llamado Sagaz que vivía en lo profundo del bosque. Un día, mientras hacía sus rondas se encontró con la carcasa de un elefante. Enseguida cayó sobre él y trató de arrancar su carne, pero a pesar de muchos esfuerzos no podía penetrar el grueso cuero.
“Esto es increíble” dijo. “Aquí tengo un gran festín, ¿pero como puedo disfrutarlo?”
Mientras pensaba qué haría, de pronto apareció un león en la escena. Enseguida Sagaz inclinó la cabeza hasta el suelo y se extendió hacia las patas delanteras del león.
“Mi Señor” dijo con gran humildad, “He estado vigilando este elefante para ti. Por favor acéptalo como regalo.”
“No consumo comida matada o dejada por otro” dijo el león. “Puedes comerla.”
“Cuan extremadamente generoso, su Majestad. Le doy las gracias.”
El león prosiguió su camino y el chacal suspiró de alivio. Pero al momento siguiente, para su horror, vio un tigre acercándose. “Mi Dios” pensó. “Esta poderosa bestia sin duda me matará por este elefante o por cualquier otra razón si está de mal humor.”
Pensando rápidamente, Sagaz fue ante el tigre y dijo, “¡Amigo! ¿Qué te trae por aquí? Te enfrentas a un grave peligro. Este elefante fue matado por un enorme león que me ha ordenado que lo vigile. Se ha ido al río para su baño, pero pronto regresará. Él me ha dicho que me cuide de los tigres, diciendo que un tigre una vez se sirvió de su carne sin ser invitado. “Por lo tanto he jurado limpiar toda la zona de tigres” dijo.”
“¡Buen Señor!” exclamó el tigre. “Gracias por advertirme, querido sobrino. Desapareceré inmediatamente. Te ruego, no le digas a tu amo que me viste.”
Dicho esto el tigre giró y salió corriendo. Sagaz rió entre dientes y luego vio encantado que se acercaba un leopardo.
“Justo el tipo para abrir esta carcasa” dijo para sí mismo. Llamó al leopardo, “¡Buen compañero! Bienvenido. Por favor sé mi invitado y toma un poco de esta distinguida carne de elefante.”
El leopardo miró sorprendido al elefante muerto. “¿Quién lo mató?” preguntó.
“Un león señorial y me ha dejado para que lo cuide. Pero no regresará por algún tiempo, por lo tanto por favor come todo lo que quieras.”
“Creo que no sería sabio” contestó el leopardo. “Hacerse enemigo de los leones no es una buena idea en absoluto. Se dice que mientras uno viva, vive para ver días felices. Por lo tanto creo que ahora me marcharé.”
“Oh, no seas tan débil de corazón. Yo vigilaré y te avisaré apenas el león venga hacia aquí.”
El leopardo se tentó y fue hacia la carcasa y la mordió profundamente. Pero justo cuando estaba por arrancar un pedazo de carne, Sagaz dijo, “¡Corre por tu vida! Escucho que viene el león.”
El leopardo se largó sin pensarlo dos veces. El alegre Sagaz entonces se preparó para comer el elefante, pero justo cuando estaba por comenzar vio a otro chacal acercándose.
“Esta vez no habrá conversación” pensó. Apenas el chacal estuvo cerca, saltó hacia afuera, desnudos los dientes y las garras y lo desgarró, haciéndolo huir  con el rabo entre las patas. Entonces Sagaz disfrutó la carne de elefante por un largo tiempo.
Moraleja: Diferentes enemigos necesitan de diferentes políticas
“Entonces lo ves” dijo Boca Roja, “la adecuada política debe ser empleada según al enemigo al que te enfrentas. Aquí estás contra un igual,  así que no le muestres misericordia. Si no lo haces, él echará raíces y te quitará todo. Ten en cuenta el siguiente proverbio,
De las vacas esperamos sustento
Y de los brahmanas, abstinencia.
De las mujeres esperamos debilidad
Pero de los parientes, ansiedad.”
Boca Roja continuó, “Y otra cosa, amigo mío. Si eres echado de tu casa y tienes que viajar al extranjero, no serás feliz. Aunque encuentres muchos deleites en tierras extrañas, a menudo la recepción es fría para los inmigrantes, especialmente de los de tu misma clase. Déjame contarte la historia del perro que dejó el hogar.”

El Ladrón y la Esposa del Granjero


Había una vez un acaudalado granjero que tenía una esposa algunos años más joven. A medida que se acercaba a la vejez, su esposa no estaba muy satisfecha con él  y pensaba constantemente en otros hombres. Se corrió la voz que ella estaba buscando un amante, entonces un cierto ladrón que vivía en la zona un día se acercó a ella.
“Hermosa mujer, mi esposa ha muerto y estoy solo. Pero, al verte, fui herido por la flecha de Cupido. Seamos amantes.”
La esposa del granjero estaba encantada por la propuesta del apuesto ladrón. “Sí, claro” contestó. “Adoraría estar contigo. Mi esposo es tan viejo que apenas puede caminar. Pero es rico. Esta noche robaré su dinero y me encontraré contigo. Luego podemos huir y disfrutar juntos de los placeres de la vida.”
“Muy bien” dijo el ladrón.
Esa noche se encontró con la mujer, que había traído consigo un gran saco de oro robado a su marido. Partieron enseguida y se dirigieron rápidamente al sur, charlando felizmente juntos mientras caminaban.
Después de un par de horas llegaron a un río y decidieron cruzarlo.
El ladrón comenzó a pensar para sí mismo. “¿Deseo realmente quedarme con esta mujer? Está aproximándose rápidamente a la madurez. Será una verdadera carga y sin duda no se puede confiar en ella. Lo que es más, alguien podría estar buscándola ahora mismo. Estaré en serios problemas si nos encuentran juntos.”
Pensando así, el ladrón decidió abandonarla. Le dijo a la mujer, “Yo iré delante, llevando el dinero sin peligro hasta el otro lado y luego regresaré por ti.”
“Lo que digas, mi amor” dijo la esposa del granjero.
“¿Por qué no me das tus ropas también?” dijo el ladrón. “Las llevaré hasta el otro lado y puedes ponértelas, intactas y secas, del otro lado.”
La mujer hizo lo que se le dijo y el ladrón se abrió camino por el río con el saco de oro, dejándola desnuda en la orilla. Apenas alcanzó el otro lado, salió corriendo velozmente, riéndose para sí mismo.
La esposa del grajero se sentó encorvada miserablemente en la ribera, con los  brazos cruzados sobre sus pechos. Mientras se lamentaba, vio aproximarse una hembra de chacal con un enorme trozo de carne en su boca. Súbitamente un gran pez saltó fuera del agua y aterrizó sobre la orilla. Viendo esto, el chacal dejó caer la carne y fue hacia el pez, pero de alguna manera se escurrió nuevamente en el agua. La desilusionada hembra de chacal regresó para tomar la carne otra vez, pero justo entonces una formidable águila descendió en picada y se la quitó.
Viendo esto, la mujer rió entre dientes para sí. Pero la hembra de chacal, escuchándola y entendiendo su situación, replicó, “Puede que no sea muy inteligente, buena dama, y puede que tú seas mucho más inteligente. Pero ahora, sin esposo ni amante, estás sentada desnuda en la selva.”
Moraleja: La lujuria conduce a la miseria
Dientes Terribles suspiró, “Así es que la avaricia y la lujuria nunca prosperan. Yo también he sido dominado por estos sentimientos y estoy ahora sufriendo los resultados.”
Mientras el cocodrilo se lamentaba, otro amigo suyo salió del mar y caminó hacia él. “Tengo algunos noticias para ti” dijo.
“Tu hogar ha sido ocupado por un cocodrilo mucho más grande que tú.”
“¡Oh, qué tragedia!” exclamó Dientes Terribles. “Sólo vean las miserias que se amontonan en una persona cuando el destino está en su contra. ¿Qué debo hacer ahora?”
El cocodrilo miró hacia arriba al árbol. No había señales de Boca Roja, solo las exuberantes ramas del árbol moviéndose suavemente en la brisa, sus frutas maduras meciéndose hacia adelante y hacia atrás.
Dientes Terribles llamó, “¡Boca Roja! ¡Amigo mío! ¿Cómo puedo obtener tu perdón? Necesito tu ayuda ahora. ¿Cómo puedo recuperar mi hogar que ha sido invadido por un poderoso enemigo? Qué bien que se dice en los Vedas,
Cuando te enfrentes a cualquier adversidad,
Primero recurre al consejo del sabio
Que se preocupa por tu prosperidad
Y te dará el consejo apropiado.”
“¡Desvergonzado sinvergüenza!” dijo Boca Roja. “No quiero saber más nada de ti. Ni tampoco debería darle consejo a cualquiera, solo a aquellos que son buenos de corazón. Y tú, señor, ciertamente no estás en esta categoría.”
Una lágrima cayó del ojo de Dientes Terribles. “¡Oh, cuan cierto! Si solo no hubiera sido tan tonto. Tú verdaderamente eras un buen amigo mío, Boca Roja, sin duda una noble persona. Por favor no me abandones ahora. Se dice que el virtuoso siempre devolverá lo bueno por lo malo, sin nunca sentir rencor hacia nadie.”
Boca Roja sintió compasión por el apenado cocodrilo. Decidió ayudarlo con un consejo y lo llamó, “Tus palabras me han emocionado, señor. Mi consejo para ti es pelear con este tipo que ha robado tu casa. Se dice,
Inclínate profundamente ante el noble,
Conspira contra aquellos que son fuertes,
Da regalos al más débil,
Pero en justa pelea.”
Boca Roja contó una historia sobre un chacal, para ilustrar sobre este punto.

Un Relato Sobre Dos Esposos


Hace mucho tiempo vivía un poderoso emperador llamado Nanda. Gobernaba la tierra hasta donde llegaban sus océanos hacia todas las direcciones. Cada día cientos de reyes y príncipes se inclinaban a sus pies, ofreciendo tributo y adoración. Tenía muchos ministros y consejeros, pero el más destacado de todos era un sabio altamente erudito llamado Brillante.
Un día la esposa de Brillante se enojó con él. Empezó a enfurruñarse y ni siquiera lo miraba. Dolido en el corazón, Brillante intento por todos los medios de persuadirla, pero ella no cedía. Al final Brillante, que adoraba completamente a su hermosa esposa, le dijo, “Dime, la más hermosa de las mujeres, ¿Qué debo hacer? Haré cualquier cosa para complacerte.”
Luego de un poco de persuasión, ella dijo finalmente, “Muy bien, si realmente me amas, entonces rasúrate completamente la cabeza y luego cae a mis pies. Entonces podré estar complacida por ti.”
Brillante en seguida hizo lo que le pidió y ella lo abrazó felizmente.
Poco tiempo después de esto, la reina del emperador también se enojó con él. Ella también se puso de muy mal humor y no le dirigía la mirada a su esposo. Él trató de pacificarla con todas sus fuerzas, pero en vano. Al final, cayó a sus pies y suplicó, “Mi querida Reina por favor dime qué debo hacer. No puedo sobrevivir un instante sin ti.”
“¿Es eso verdad? Entonces pruébamelo. Ponte un freno de caballo en la boca y déjame montarte en la espalda. Luego galopa relinchando como un caballo. Solo entonces estaré complacida contigo.”
Nanda hizo lo que se le mandó y su reina cedió. Al día siguiente, cuando entró a la corte real, vio que Brillante se había rapado la cabeza. “¿Por qué has hecho esto?” preguntó sorprendido. “No hay ningún festival o ceremonia.”
Brillante sonrió. “No, su Majestad, no hay. ¿Pero qué no haría un hombre por una mujer? Rasurarse la cabeza fuera de estación o hasta relinchar como un caballo. Él ciertamente haría cualquier cosa.”
Moraleja: Un hombre haría cualquier cosa por una mujer
Nanda rió y no dijo nada.
Boca Roja prosiguió, “Entonces lo ves, amigo mío, no puedo confiar en ti en absoluto, ya que te encuentras completamente dominado por una mujer. Harás cualquier cosa.”
Mientras el mono estaba hablando, otro cocodrilo se acercó a Dientes Terribles y dijo, “Buen Señor, vine a decirte que tu esposa se ha marchado.”
“¡Ay de mí!” exclamó Dientes Terribles. “¿Qué haré? Entraré al fuego y terminaré con mi vida.”
“No seas tonto” dijo Boca Roja. “Deberías regocijarte. Ahora estás libre de las garras de tu materialista esposa. ¿Quién sabe qué mas te hubiera obligado a hacer?”
“Sí, tienes razón. Pero ahora dos calamidades han caído sobre mí. En primer lugar he tenido un malentendido con mi querido amigo; en segundo lugar, mi hogar se ha roto. Ah, sin duda esto se debe a que estaba excesivamente apegado materialmente. Tal persona pierde todo, como lo muestra la historia de la esposa descarada.”
“por favor cuéntame esa historia” dijo Boca Roja y el cocodrilo comenzó a narrar.

La Esposa Desagradecida


Había una vez un brahmana que amaba mucho a su esposa. Estaba siempre intentando complacerla, pero nunca era fácil. Ella se quejaba de todo y siempre discutía con los familiares de él. Al final, el brahmana ya no lo pudo soportar más y decidió vivir lejos de su familia. Llevando a su esposa con él, se marchó hacia un pueblo distante.
En medio del viaje, mientras estaban abriéndose camino por un gran bosque, a la esposa del brahmana la dominó la sed. Su esposo la dejó sentada bajo un árbol y fue a buscar agua. Sin embargo, cuando regresó, la encontró muerta. Cayó al suelo y comenzó a gemir de tristeza.
Súbitamente escuchó una voz del cielo. “Mi querido brahmana, si deseas que tu esposa viva otra vez, entonces dale la mitad de tu vida.”
El brahmana inmediatamente se sentó y se purificó sorbiendo agua y cantando mantras sagrados. Luego, después de ejecutar diversos ritos, dijo, “Doy vida” tres veces, para partir con la mitad de su vida.
En seguida su esposa se levantó. “¿Dónde está el agua?” preguntó y el brahmana le dio la botella rebosante de alegría.
Después de comer algunas frutas silvestres, continuaron su viaje. Eventualmente llegaron a un pueblo y acercándose a sus portones, llegaron a un encantador jardín.
“Espera aquí” dijo el brahmana. “Iré a buscar algo de comida.”
La mujer se sentó bajo un árbol frondoso, cerca de una laguna. Mientras esperaba a su marido escuchó cerca el sonido de divinas músicas. Mirando por los alrededores, descubrió que provenía de un hombre apuesto pero lisiado, que estaba haciendo girar una rueda hidráulica y cantando mientras trabajaba.
Locamente enamorada de él simplemente por escuchar su maravillosa canción, la mujer brahmana dijo, “Sé mi amante, buen señor. No me rechaces o el pecado de dar muerte a una mujer se quedará contigo, ya que no viviré.”
El hombre aceptó y la esposa del brahmana lo abrazó y disfrutaron juntos por algún tiempo. Poco tiempo después, el brahmana regresó con comida. Él y su esposa comenzaron a comer y ella le dijo, “Hay un hombre discapacitado aquí. ¿Por qué no le das un poco de comida?”
El brahmana compartió felizmente su comida con el hombre. Cuando terminaron de comer su esposa dijo. “¿Por qué no traemos a este hombre con nosotros? Te vendría bien un compañero de trabajo.”
“Muy bien” contestó el brahmana y levantó al hombre lisiado y lo llevó en sus hombros. Esa noche él descansó cerca de la boca de un pozo. Con la ayuda del hombre, la esposa del brahmana empujó al esposo dormido dentro del pozo. Ella y su amante entonces se abrieron camino hacia la ciudad donde comenzaron a vivir juntos.
Como lo quiso el destino, el brahmana fue rescatado del pozo por un hombre sagrado quien había escuchado sus gritos. Él también entonces se abrió camino hacia la ciudad, donde descubrió a su malvada esposa viviendo en pecado. Inmediatamente fue ante el rey para pedir justicia.
El rey ordenó a la mujer que venga ante él. “¿Es este hombre tu esposo?” preguntó.
“No, él es un mentiroso. Desea tenerme y no puede soportar que tenga a un lisiado como esposo” contestó.
Moraleja: No seas controlado por una esposa materialista
El brahmana dijo, “Eres tú la que miente, querida dama y lo probaré. Anteriormente, cuando estábamos viajando juntos, te di algo y ahora lo quiero de vuelta.”
“Oh, ¿Qué era?”
“Era la mitad de mi vida” dijo el brahmana.
“¡Qué tontería!” exclamó su esposa.
“Entonces, no tienes nada que temer, ¿cierto?” dijo el brahmana. “Pero solo haz una cosa por mi, di tres veces, ‘Te devuelvo tu vida.’”
El rey miró a la esposa del brahmana a la expectativa. “Vamos. Haz como dice este brahmana. Veamos que ocurre.”
Temiendo la ira del rey, la mujer hizo lo que él dijo, pronunciando, “Te devuelvo tu vida” tres veces e inmediatamente cayó muerta.
Boca Roja terminó el relato con una carcajada. “Entonces, esta es la naturaleza de las mujeres materialistas, mi amigo. No debes ser nunca controlado por sus exigencias.”
Dientes Terribles continuó clamando por su inocencia, pero Boca Roja no iba a ser convencido. Dijo, “parece que estás completamente dominado por tu esposa. No hay nada que no harías por ella. Hay otro relato que ilustra esto muy bien.”
“Te ruego me narres ese cuento” dijo Dientes Terribles y Boca Roja continuó hablando.

El Chacal que fue Criado por una Leona


Había una vez un león que vivía con su compañera en lo profundo del bosque. A su debido tiempo, la leona dio a luz dos cachorros mellizos, a quienes ella comenzó a criar con gran amor y atención.
Cada día el león salía a cazar, trayendo de regreso comida para su familia. Un día, no obstante, no tuvo éxito y no pudo encontrar ningún animal para matar. Pero al dirigirse a su casa, se encontró con un chacal bebé.
“Oh, que pequeña criatura” dijo. “¿Cómo puedo matarla? de todos modos apenas es un bocado. La llevaré viva para mi esposa.”
El león entonces levantó cuidadosamente al chacal y lo llevó a su guarida. Colocándola frente a su esposa, dijo “Este no debe ser matado. Está indefenso, y como dicen los Vedas,
Incluso si te enfrentas con un gran peligro,
Nunca trates de golpear
A mujeres, niños, santos y brahmanas,
Más aún cuando dependen de ti.
Más aún la criatura es como nosotros, con dientes y garras. Por lo tanto, querida esposa, prodiga bondad sobre él.”
La leona aceptó al bebé chacal como su hijo y lo alimentó con su leche. Gradualmente creció junto a los dos cachorros de león y ninguno de ellos se daba cuenta de la diferencia de especies. Se aceptaban mutuamente como hermanos.
Un tiempo después, mientras el chacal y los cachorros estaban jugando en el bosque, vieron a un elefante que venía hacia ellos. Viéndolo, los cachorros temblaron de ira. “¡Quien es este advenedizo que viene hacia nosotros!” exclamaron. “Matémoslo enseguida.”
Pero el joven chacal dijo, “Esta poderosa bestia es nuestro enemigo. De ninguna manera debemos enfrentarlo.”
Entonces salió corriendo y huyó. Los jóvenes leones estaban desanimados por el comportamiento del hermano y ellos también regresaron a la guarida. De verdad se dice que un valiente luchador puede disparar contra un ejército entero, pero un tembloroso cobarde puede quebrar el espíritu de muchos otros guerreros.
Cuando llegaron a la cueva, los leones se burlaron de su hermano y le contaron a su madre lo que había sucedido. “No podía huir lo suficientemente rápido” dijeron.
Escuchando esto, el chacal se enfureció. ¿Cómo se atrevían a insultarlo de tal manera? Le dijo a la leona, “Madre, ¿Vas a dejar que hablen de esta forma? ¿Quién piensas que son?”
“Bueno bueno, mi querido, deberías respetar a tus hermanos” respondió.
“¡De verdad! ¿Y dejarlos que se burlen de mi? ¡Jamás! ¿Piensas que soy inferior a ellos en aprendizaje, belleza, coraje y destreza? Tengo ganas de matarlos ahora mismo.”
La leona entonces llevó al chacal aparte y le contó la verdad sobre su origen. “Tú puedes tener muchas buenas cualidades, querido hijo, pero provienes de un linaje donde no se matan a los elefantes.”
Entonces le dijo que mejor se fuera y regresara junto con los de su propia especie, antes que los cachorros crezcan y se dieran cuenta que es un chacal. “Entonces sin duda te matarán.” Le advirtió.
El chacal estaba aterrorizado y se escabulló sigilosamente para reunirse con los otros chacales del bosque.
Moraleja: No trates de actuar más allá de tus habilidades
“Y así” concluyó el rey, “tú también, mi querido alfarero, mejor regrésa con tu propia gente antes que los guerreros descubran la verdad y te maten.”
Boca Roja permanecía bien arriba en su árbol mientras narraba las historias. Se burló de Dientes Terribles. “Tonto. Estás listo a cometer un gran pecado solo por una mujer. ¿Es que no has escuchado la historia del brahmana que abandonó a su familia y la mitad de su vida por una mujer, solo para ser engañado por ella de todas maneras?”
“No” dijo el cocodrilo y Boca Roja le contó la historia.

El Alfarero ‘Heroico’


Había una vez un alfarero cuyos padres eran grandes amantes del Mahabharata. A su hijo lo llamaron Yudhisthira, como el héroe del clásico épico. Sin embargo, el muchacho no creció con las mismas cualidades como el poderoso rey guerrero del Mahabharata  pues era propenso al licor. Un día, al regresar borracho a su casa, se tropezó y cayó en el patio. Su cabeza se estrelló contra algunas vasijas y se cortó profundamente. La herida tardó largo tiempo en sanar y dejó una larga cicatriz a lo largo de su frente.
En el transcurso del tiempo, una gran hambruna golpeó la región donde vivía. Fue reducido a vagar a tierras distantes para encontrar trabajo y comida. Aquejado por el hambre, se encontró con un pueblo donde se las arregló para hallar trabajo como guardia de palacio.
Un día el rey lo vio de casualidad, notando la cicatriz pensó que el alfarero debía ser un bravo guerrero que había sido herido en la batalla. “Que gran héroe debe ser este hombre” dijo a sus ministros. “Averigüen su nombre.”
Enterándose que se llamaba Yudhisthira, el rey estuvo seguro que debía ser un poderoso guerrero. “Ha recibido un golpe justo en su frente, sin duda al avanzar en la batalla” le dijo a su ministro. “Denle un lugar en el ejército y trátenlo con todos los honores.”
Desde ese día, al alfarero se le dio todo tipo de privilegios. Se le otorgó los mejores alojamientos, opulentas comidas, ropas y los mejores regalos.  Fue altamente honrado que hasta los príncipes del palacio estaban envidiosos de él.
Un día en un festival público el rey dispuso una revista militar. Hizo que todos sus soldados se pusieran sus uniformes y que decoraran opulentamente a sus caballos y elefantes. Al pasar por las filas de los soldados, se detuvo ante el alfarero y dijo “Dime, Yudhisthira, ¿Cómo te hiciste esa cicatriz?”
El alfarero que había estado disfrutando su inmerecido estatus  de héroe, pensó que no sería sabio mentirle directamente al rey. Con las manos juntas dijo, “Su Majestad, de hecho no soy un guerrero en absoluto. Soy un alfarero y me corté la cabeza con un fragmento de vasija rota.”
“¡Qué!” exclamó el rey. Giró hacia su comandante. “Saca a este hombre de las filas enseguida. Me ha engañado terriblemente, aceptando el honor que no se merecía en lo absoluto.”
Por orden del rey, al alfarero se le dio una buena tunda y se le dijo que continúe con su camino. Pero al marcharse, le dijo al rey, “No es justo que me trates así, antes de siquiera ser probado en la batalla.”
El rey sonrió. “No señor, pienso que no. Cualquier buena cualidad que puedas tener, no creo que el heroísmo en la batalla sea una de ellas. Déjame contarte la historia del chacal criado por leones.”
“Por favor hazlo” dijo el alfarero y el rey relató la historia.

El León y el Asno Mentecato


Había una vez un león llamado Pata de Trueno, que tenía un chacal como fiel seguidor llamado Abrigo Gris. Sucedió un día que Pata de Trueno peleó terriblemente con un elefante quien lo hirió profundamente cor sus colmillos, cojeó de regreso a su cueva y cayó al suelo, incapaz de moverse.
Yació allí por algunos días, recobrándose de sus heridas. Incapaz de salir a cazar, no había comida ni para él ni para Abrigo Gris. El chacal estaba muerto de hambre y le dijo a Pata de Trueno, “Mi Señor, estoy tan hambriento que no puedo hacer nada. ¿Cómo puede atenderte en este estado?”
“¿Qué puedo hacer?” dijo Pata de Trueno. “Mira el estado en el que me encuentro. ¿Por qué no atraes algún animal a mi cueva? Si se acerca lo suficiente, podría matarlo.”
El chacal se inclinó ante su maestro y partió en busca de alguna presa. Después de un tiempo se encontró con un asno de aspecto desdichado. Estaba parado cerca de un río, rascando en busca de pasto entre los escasos parches que crecían junto a la orilla.
“¡Hola, compañero!” gritó Abrigo Gris. “Dime, ¿Quién eres? ¿Porqué estás tan triste y desdichado?”
El asno miró hacia arriba. “Saludos, señor. Soy Orejas Caídas, el asno de un lavandero. Mi maestro de duro corazón me hace trabajar prácticamente hasta la muerte, colocando enormes cargas de ropas para lavar sobre mi espalda. Pero ni siquiera me da un puñado de pasto fresco para comer. Al contrario, me suelta junto a la orilla de este río y tengo que forrajear por unas pocas hojas aquí y allá.”
“¡Oh, qué terrible!” exclamó Abrigo Gris. “¿Por qué lo toleras? ¿No sabes que hay un hermoso parche de abundante y fresco pasto verde no lejos de este río? Permíteme conducirte allí.”
“Querido hermano, me encantaría ir, ¿Pero cómo es posible? Soy un animal de pueblo y no me atrevo a aventurarme en el bosque, donde seré fácilmente matado por algún feroz predador.”
“No te preocupes. Donde te llevaré es un lugar seguro, protegido por mis poderosas garraspodrás avanzar sin miedo. Hay algo más que debieras saber. Estoy protegiendo a tres asnas que también han escapado de las garras de crueles lavanderos. Estas jóvenes asnas se han puesto lustrosas y gordas por el sabroso pasto. Son juguetonas y llenas de la alegría de la juventud. De hecho, justo ayer, me dijeron, ‘Tío, por favor encuéntranos algún marido adecuado.’ Entonces creo que es el arreglo del destino que me haya encontrado contigo hoy.”
Escuchando acerca de las asnas, Orejas Caídas se consumió de dolorosa pasión. Suspiró y dijo, “Oh, qué bien que lo dijo el poeta,
En este mundo tanto el veneno como el néctar
Provienen de una adorable mujer.
Su presencia nos da vida y vigor,
Pero su ausencia nos deja tristes.”
Con los miembros temblando y con el corazón latiendo rápidamente, el tonto asno le dijo a Abrigo Gris, “Muy bien entonces, muéstrame el camino.”
Abrigo Gris entonces condujo al asno directamente a la cueva de Pata de Trueno. Apenas el león lo vio, saltó desde atrás de unos arbustos. Pero, todavía débil por las heridas, falló en aterrizar sobre el asno, que saltó hacia atrás aterrorizado. Orejas Caídas entonces giró y regresó precipitadamente por donde había venido sin mirar atrás ni una sola vez.
Abrigo Gris se rió con mofa. “Entonces esta es una muestra de tu poder, ¿verdad? Es demasiado difícil para ti atrapar un escuálido asno. Con razón el elefante te humilló.”
“Está bien, está bien. Ahórrate el sarcasmo. No estaba listo en aquel momento. Y aún me estoy recuperando de mis heridas.”
“Sí claro. Pues entonces prepárate, porque pronto volveré a traer al asno nuevamente.”
Pata de Trueno se sorprendió. “¿Otra vez? ¿Estás bromeando? Ese burro nunca más vendrá ni a una milla de distancia de este lugar.”
“Ya veremos. Déjamelo a mí. Solo preparate esta vez. Ahora voy tras el asno.”
Abrigo Gris regresó donde había encontrado a Orejas Caídas y lo vio parado en la orilla del río, temblando de terror, mirando hacia uno y otro lado y respirando pesadamente.
“Buen amigo” dijo Abrigo Gris. “¿Dónde te fuiste?”
“¿Dónde crees? ¿Crees que iba a quedarme en un lugar como ese? ¿Dónde me llevaste de todas maneras? ¿No viste la bestia monstruosa, con ojos rojos como el cobre y una boca como una enorme caverna?  Sabe Dios cómo escapé con vida. Nunca he visto dientes como esos.”
“Cálmate hermano, cálmate. Estás imaginando cosas. Esa no era ninguna bestia, era una de las asnas. Apenas vio tu elegante forma, fue presa del deseo y se arrojó hacia ti.”
“¿Qué? ¿Una asna? ¿Quieres decir que huí de una mujer?” Orejas Caídas no podía creerlo.
“Sin duda. Se desanimó mucho cuando te fuiste. Ahora ha resuelto ayunar hasta morir a no ser que tú vuelvas.”
La mente de Orejas Caídas estaba completamente trastornada por la lujuria. Deseaba creer en Abrigo Gris, que continuó tranquilizándolo de diversas formas. El chacal entonces lo condujo de vuelta donde yacía Pata de Trueno esperando. Esta vez el león no cometió ningún error. Saltando sobre el asno desde atrás, desgarró su garganta y lo mató instantáneamente.
Moraleja: Ten cuidado en quien confías
“Y tú también eres un gran embaucador, tal como el chacal” dijo Boca Roja. “Pero yo no soy como Orejas Caídas. Ahora ya no me engañas, tal como el rey que descubrió la verdad sobre el alfarero.”
“Oh, cuéntame más” dijo Dientes Terribles y Boca Roja narró la historia.

El Tonto Rey de las Ranas


Había una vez un rey de las ranas, llamado Regalo del Río, que vivía en un pozo. Estaba preocupado por las exigencias de sus muchos parientes, quienes estaban siempre urdiendo planes para derrocarlo. Finalmente pensó para sí mismo, “Tengo que liberarme de estos fastidiosos parientes míos. No puedo quedarme en este pozo un momento más.”
Saltando dentro de un balde y de éste al siguiente que estaba atado a una soga, Regalo del Río consiguió salir del pozo. Una vez que estuvo fuera brincó por los alrededores por un tiempo, tratando de pensar en alguna forma de lidiar con las otras ranas del pozo.
“Han hecho mi vida miserable” dijo. “Debe haber alguna forma de vengarme.”
En ese momento vio una serpiente justo entrando en su agujero. Esto le dio una idea. Pensó en un proverbio que había escuchado de los Vedas.
El sabio destruye a un enemigo mortal
Por uno aún más mortal.
Tal como un clavo saca otro clavo,
Para liberarlo a uno de la enfermedad.
Pensando de esta manera, Regalo del Río brincó hacia el agujero de la serpiente y llamó, “Ey, tú el de ahí. Ven afuera. Tengo una proposición para hacerte.”
La serpiente, que algún chistoso había llamado Dulzura, miró sorprendida hacia arriba. ¿Quién lo llamaba? No era la voz de una serpiente. Tampoco podía ser un amigo de otra especie, ya que él no tenía ningún amigo en absoluto.
Sería mejor mantenerse escondido en su agujero hasta saber exactamente quien era, ya que Brihaspati, el maestro de los dioses, instruyó que jamás debe formarse ninguna amistad o alianza hasta conocer a la familia, la fuerza y conducta de la otra parte.
Dulzura por lo tanto permaneció callado. Sospechaba que pudiera ser un encantador de serpientes queriendo capturarlo, o quizás un curandero que deseaba su piel para alguna poción.
Regalo del Río de nuevo llamó, “¡Ey hermano serpiente! Soy Regalo del Río, rey de las ranas. Busco tu amistad.”
Dulzura estaba incluso más sorprendido. ¿Una rana? ¿Cómo era eso posible? Contestó, “¿Deseas ser mi amigo? ¿Estás loco? ¿Acaso el pasto se hace amigo del fuego? Uno nunca debe acercarse a un enemigo mortal, ni en sueños. ¿Por qué entonces estás haciendo tal ridícula sugerencia?”
“Sí, tienes razón. Pero buen señor, escúchame. He venido a ti porque estoy sufriendo muchísimo. ¿No dicen los sabios que cuando uno se halla en apuros se puede incluso refugiar en un enemigo?”
“Es cierto” contestó Dulzura, todavía dentro de su agujero. “Dime entonces a manos de quien estás sufriendo.”
“De las otras ranas” dijo Regalo del Río
“Ya veo. ¿Y dónde están estas ranas?”
“Están en un pozo no lejos de aquí. Ven conmigo y te mostraré. Luego puedes comer a mis enemigos cuanto quieras.”
“¿Un pozo? ¿Cómo puedo entrar en un pozo? ¿Y cómo hallaré espacio para matar cómodamente a las ranas?”
“No te preocupes” dijo Regalo del Río. “Te mostraré un lindo hueco en el pozo cerca del borde del agua. Puedes recostarte allí pacíficamente y comértelas una por una.”
Dulzura pensó detenidamente. No estaba haciéndose más joven. Era difícil para él por estos días hasta atrapar un ratón. Podría hacerse de una vida fácil. Una dieta regular de ranas sonaba bien.
La serpiente dijo, “Muy bien. Me agrada el sonido de esta idea. ¿Dónde está tu pozo?”
“Te llevaré allí” dijo Regalo de Río. “Pero primero debes prometerme que no te comerás a mi familia más cercana y a mis amigos.”
“Pero, por supuesto” dijo Dulzura. “No debes temer en cuanto a eso.”
“¡Entonces sal enseguida! Seamos amigos por este día.”
Dulzura se deslizó fuera de su agujero y abrazó a Regalo del Río, quien luego lo condujo a su pozo. Le mostró como entrar y Dulzura se escondió en el hueco. Regalo del Río entonces comenzó a señalar a sus enemigos y uno por uno la serpiente se los engulló a todos.
Eventualmente Dulzura se había comido a todos los enemigos de Regalo del Río, y el rey de las ranas le dijo, “Parece que tu trabajo ha finalizado aquí. Permíteme conducirte de regreso fuera del pozo.”
“Oh no, no lo creo” dijo Dulzura. “Todavía tengo hambre. Tendrás que mostrarme más ranas que pueda comer o las comeré a todas de cualquier forma.”
Regalo del Río tembló de miedo. ¿Qué había hecho? ¿Cómo había trabado amistad con tal mortal enemigo de las ranas? Evidentemente había olvidado las instrucciones Védicas, que declaran claramente que aquel que traba amistad con un enemigo más poderoso que él mismo está simplemente comiendo veneno.
Moraleja: Los enemigos nunca pueden ser amigos.
El rey de las ranas pensó en la situación. Tendría que darle a Dulzura más ranas, o enfrentarse a ser comido él mismo. Indudablemente la promesa de Dulzura no significaba nada. Sin duda era cierto que tal como un hombre con ropas sucias se sentará en cualquier lugar, una persona que se ha apartado del sendero de la virtud ejecutará cualquier acto miserable.
Regalo del Río entonces comenzó a señalar más ranas a Dulzura, que continuaba tragándoselas. La serpiente se fue comiendo todas las ranas hasta llegar a los amigos del rey de las ranas y luego un día se engulló a su querido hijo. Regalo del Río gritó en agonía.
Escuchando su grito, su esposa le reprochó enojada. “¡Tonto! ¿Por qué lloras? ¿Quién queda para siquiera escuchar tu llanto? Has vendido a tu raza por tus propios fines egoístas.”
Gradualmente Dulzura se comió todas las ranas, hasta que solo quedó Regalo del Río. Entonces le dijo al rey de las ranas, “¿Dime que debería comer ahora? Aún tengo mucho hambre.”
“No te preocupes” dijo Regalo del Río. “Te conseguiré más comida. Permíteme ir a otro pozo y atraeré a las ranas de allí hacia este pozo.”
“Muy bien” dijo Dulzura. “Ya que eres como mi hermano, no puedo comerte. Por lo tanto, vete. Yo esperaré aquí.”
Respirando de alivio, Regalo del Río trepó fuera del pozo y se fue rápidamente, agradecido que se le había perdonado la vida. Nunca más volvería a ese pozo y nunca más confiaría en un enemigo.
“Y yo tampoco volveré a confiar en ti” dijo Boca Roja. “Sin duda, fui un tonto en pensar siquiera que un comedor de carne como tú podría ser mi amigo.”
“Oh, me hieres en lo más profundo” dijo Dientes Terribles. “¿Cómo puedes decir tales cosas? Por favor baja y permíteme llevarte a mi casa. No deseo ser manchado por el pecado de la ingratitud.”
“¡Idiota! ¿Piensas que yo, como Orejas Caídas, el asno, permitiré que me maten cuando estoy completamente consciente del peligro?”
“¿Orejas Caídas? ¿Quién fue ese?” preguntó Dientes Terribles y el mono contó la historia.

El Mono que se hizo Amigo del Cocodrilo


En una cierta playa oceánica de la India, creció una vez una gran higuera que estaba siempre cargada de frutos. Un mono llamado Boca Roja vivía en ese árbol, disfrutando de sus deliciosos frutos.
Un día un cocodrilo llamado Dientes Terribles nadó fuera del mar y se tumbó calentándose al sol sobre la suave arena cercana al mar. Cuando Boca Roja lo vio, lo llamó, “Ey, buen señor, bienvenido a mi hogar. Por favor regocíjate con mis frutos.” Arrojó algunos higos hacia Dientes Terribles, diciendo, “Sin duda eres un invitado en mi casa. Por darte la bienvenida y alimentarte, abro para mí mismo caminos hacia regiones de ilimitada dicha.”
El cocodrilo comió los frutos y se sentó por largo tiempo conversando con el mono. Al caer la tarde regresó a su hogar, llevándose con él algunos de los dulces higos maduros.
Al día siguiente Dientes Terribles regresó de nuevo y nuevamente disfrutó de la compañía del mono. Esto continuó así por muchos días, los dos juntos discutieron felizmente sobre ética y religión. Y cada día el cocodrilo regresaba a su casa con algunos frutos, que se los daba a su esposa.
Un día la esposa le dijo, “Has estado fuera por muchísimo tiempo últimamente. ¿Dónde vas? ¿Y de dónde obtienes estos frutos?”
“Para decirte la verdad, mi querida, me he hecho amigo de un mono. Nos hemos vuelto muy íntimos y es él quien me da estas frutas.”
“¿Ah sí?” contestó la esposa asintiendo con la cabeza con complicidad. Ella sospechaba que su esposo estaba viendo a una hembra. “Este mono amigo tuyo debe tener un corazón de néctar, ya que come frutos nectáreos todo el tiempo. Por favor tráeme ese corazón. Por comerlo, me liberaré de la enfermedad y la vejez.”
“¡Qué!” exclamó Dientes Terribles. “¿Matar a mi amigo, Boca Roja? Que sugerencia espantosa. Primero que nada él es mi íntimo amigo, como mi hermano, y segundo él me da estas excepcionales frutas. No podría lastimarlo.”
“Oh, ahora lo comprendo todo” contestó la esposa. “En realidad estás viéndote con un cocodrilo hembra. Estás encaprichado con ella. Yo lo pensé. Ahora puedo entender porqué pasas tus noches dando vueltas y suspirando –y también por qué ya no me abrazas con ninguna pasión. No hay duda que estás pensando en otra mujer.”
Dientes Terribles sacudió la cabeza. Se acercó más a su esposa, su cara un  retrato del dolor. “No mi queridísima. ¡Me postro a tus pies como un esclavo! No hables así. No amo a nadie más que a ti.”
“¿Ah sí? ¿Entonces porqué no haces lo que te pido y me traes el corazón del mono? Si no me satisfaces, entonces me sentaré aquí a ayunar hasta morir.”
Sintiendo la más abyecta miseria, Dientes Terribles se angustió de pesar, su boca abriéndose y cerrándose silenciosamente. Se dio cuenta que no tenía alternativa. ¿Quién podría prescindir de su esposa por un amigo, sin importar cuan querido ese amigo pudiera ser?
Dientes Terribles giró y lentamente se abrió camino hacia la higuera. “Ay” dijo para sí mismo, “mi esposa no cederá. Se dice que siete cosas nunca te dejarán ir una vez que se apegan a ti: el pegamento, los idiotas, los cangrejos, las mujeres, la tintura índigo, los tiburones y los borrachines. ¿Pero como puedo matar a mi amigo?”
Dando vueltas estos pensamientos en su mente, Dientes Terribles finalmente llegó a la higuera.
“Ah, bienvenido, mi querido amigo” dijo Boca Roja. “Llegas tarde hoy y pareces abatido. ¿Cuál es el problema?”
“Buen señor, recién recibí una fenomenal reprimenda de mi esposa, tu cuñada. Me regañó tajantemente diciendo, ‘¡Tú pícaro! No vuelvas otra vez por aquí. ¿Cómo puedes pasar tanto tiempo en la casa de tu amigo, aceptando su caridad y todavía no lo has invitado a nuestra casa?’
Luego citó el siguiente verso de las escrituras,  
Para un borrachín, un ladrón;
Un mentiroso, o incluso el asesino de un brahmana,
Existen ritos de purificación.
Pero para un ingrato, no existe ninguno.”
Dientes Terribles continuó, “Por lo tanto, buen amigo, debo pedirte que vengas a mi casa hoy. Mi esposa dice que si no regreso contigo, entonces sólo la veré otra vez en el próximo mundo.”
“Ella ha hablado bien, señor. No obstante, tengo un problema. Soy un habitante del bosque, mientras que tú vives en las profundidades acuosas. ¿Cómo entonces puedo ir a tu casa? ¿Por qué no traes a tu esposa aquí? Entonces puedo postrarme a sus pies y tener sus bendiciones.”
Dientes Terribles tranquilizó a su amigo. “No hay ningún problema. Yo vivo en una playa arenosa justo cruzando esta bahía. Es como el paraíso. Allí crecen árboles que satisfacen los deseos, tal como lo hacen en el cielo. Puedo llevarte allí sobre mi espalda. No temas de nada.”
La cara del mono se partió en una enorme sonrisa. “Muy bien entonces. ¿Qué mas se puede decir? Me encantaría visitarte.”
Boca Roja entonces montó en la espalda del cocodrilo. Dientes Terribles nadó hacia el mar y comenzó a enfilar hacia su casa con gran rapidez.
Temblando de miedo, Boca Roja dijo, “¡Ey, ey, hermano, ve más despacio! Estoy empapado por las ondulantes olas y estoy aterrorizado de caer en las aguas.”
Dientes Terribles comenzó a reflexionar. “Este pobre tipo verdaderamente está bajo mi poder. No puede ir a ningún lado ni hacer nada. Podría igualmente decirle mis intenciones. Por lo menos puede decir algunas oraciones antes de morir.”
Pensando de esta forma, el cocodrilo dijo, “Tengo que hacer una terrible confesión. Mi amigo, con la invitación de mi esposa te estoy conduciendo a tu muerte. Lo siento. Por favor di tus oraciones a tu deidad preferida.”
Boca Roja casi se cae de la espalda del cocodrilo. Su mandíbula cayó y dijo horrorizado, “¿Por qué? Mi querido señor, ¿Qué he hecho para ofenderte a ti o a tu esposa?”
“No es eso. Mi esposa desea tener tu corazón, que ella siente que debe estar hecho de ambrosía debido a tu dieta constante de higos dulces. Ella insistió en esto y no me dejó otra alternativa.”
Boca Roja pensó rápidamente. ¿Cómo se había equivocado tanto? Si uno posa demasiada confianza incluso en un íntimo amigo, se enfrenta al peligro –ni qué decir si confía en un enemigo. ¿Por qué entonces puso su vida misma en las manos de Dientes Terribles? Pero quizás existiera una salida.
Calmándose a sí mismo y hablando firmemente, Boca Roja dijo, “¿Por qué no me contaste esto antes? Efectivamente poseo un corazón hecho de ambrosía, pero no está aquí conmigo. Es mi segundo corazón y lo guardo en un hueco de la higuera donde vivo. ¿Es que no sabías que los monos siempre guardan sus segundos corazones en los árboles?”
Dientes Terribles paró de nadar. “¡Amigo mío! Eso es excelente. Entonces no hay problema. Puedes simplemente darme el corazón y todo estará bien.”
“Como no. Solo llévame de regreso al árbol, buen señor. Tendré el corazón para ti en seguida.”
El cocodrilo giró en redondo y rápidamente fue de regreso hacia la playa donde crecía la higuera. Boca Roja se aferraba a su espalda, orando fervientemente a todos los dioses  en los que podía pensar. Cuando Dientes Terribles llegó a la costa, el mono saltó hacia abajo y corrió hacia su árbol. Trepando hasta la punta más alta, se sentó entre las ramas, suspirando profundamente de alivio. “Indudablemente, hoy he nacido de nuevo” dijo, agradeciendo a los dioses por su misericordia.
Después de unos pocos minutos, Dientes Terribles llamó, “¿Dónde estás, amigo mío? ¿Ya has encontrado el corazón? Tu cuñada está esperando, ansiosa por comerlo.”
Boca Roja lanzó una carcajada. “¿Bromeas? ¿Qué clase de tonto eres? ¿Quién diablos guarda su corazón fuera del cuerpo? ¡Lárgate de aquí, granuja! No quiero volver a verte.”
El cocodrilo bajó la cara. Se maldijo a sí mismo. ¿Por qué había sido tan tonto como para revelar sus intenciones al mono? Pero quizás podría ganar de vuelta su confianza. Nuevamente gritó a Boca Roja.
“Tienes razón. Solo estaba bromeando. Nunca esperé a que me dieras tu corazón. Por supuesto que sé que tal cosa es imposible. Solo quería probar tus sentimientos por mí. Baja de nuevo y te llevaré a mi casa. Seamos amigos y comamos juntos felizmente.”
“¿Oh sí? ¡Desgraciado mentiroso! Sé tras de qué andas ahora –mi corazón. Pero nunca lo tendrás. Ve a casa y déjame solo. Sin duda los Vedas dicen con razón,
¿A qué profundidades no se rebajaría un hombre hambriento?
¿Qué crimen no sería consumado por el desesperado?
Ya que los indigentes son realmente crueles,
Tal como el rey de las ranas lo supo demasiado tarde.”
“¿Oh, que rey de las ranas fue ese? Preguntó el cocodrilo y Boca Roja le contó la historia.