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El Ciervo y el Príncipe


“Cuando era mucho más joven, por exhuberancia juvenil yo saltaba por delante del rebaño. Yendo un largo camino frente a ellos, yo me paraba y esperaba hasta que me alcanzaban. Un día, horrorizado, descubrí que había perdido contacto con el rebaño. Busqué ansiosamente por todas partes y al fin los vi algo alejados frente a mi.
“Ahora, como ustedes saben, nosotros los ciervos tenemos dos tipos de movimientos: la carrera recta y el galope saltando. Yo era experto en la carrera pero no podía hacer el galope elevado. Al acercarme al rebaño observé que justo habían saltado sobre la red de un cazador, empleando el galope.
Estaban todos mirándome, esperando que me reúna con ellos. Deseando mucho reunirme con ellos, intenté saltar sobre la red, pero caí en ella y me enredé. Desesperadamente traté de arrastrar la red conmigo hacia el rebaño, pero el cazador vino rápidamente y me ató las patas juntas.
“El rebaño vio que no había esperanza de salvarme y huyeron lejos. Luego pensé que iba a morir. Pero el cazador, cuando me vio, dijo, ‘¡Qué dulce! Es solo un pequeño cervatillo. Será una linda mascota para el príncipe.’
“Entonces fui llevado a una ciudad y dado al joven príncipe para que juegue conmigo. Él me trató con gran afecto y me alimentó bien. Cada día frotaba mi cuerpo con aceites y bálsamos. Me cepillaba y masajeaba, perfumándome con cremas fragantes y adornándome con guirnaldas de flores. Era mimado y acariciado por todas las mujeres del palacio y para ser honesto, al final fue demasiado. Me sentía asfixiado y anhelaba ser libre otra vez.
“Un día, durante la estación de lluvias, yacía bajo la cama del príncipe. Afuera la lluvia golpeaba y los rayos relampagueaban en el cielo. Recordando mi rebaño y sintiendo un profundo deseo de estar con ellos, grité, ‘Oh, correr otra vez por el trayecto del rebaño de ciervos, retozando y jugueteado en el viento y la lluvia. ¿Cuándo, Oh, cuando será?’
“De alguna manera el príncipe fue capaz de entenderme y se sentó sorprendido. ‘¿Qué fue eso?’ preguntó. Dándose cuenta que había sido yo el que había hablado, sostuvo su cabeza en las manos y dijo, ‘Ay, este es un terrible presagio. He escuchado hablar a un ciervo.’
“El príncipe estaba convencido que estaba poseído por demonios y corrió fuera del palacio, tambaleándose de miedo. Yo corrí tras él. Mandó a llamar a doctores, sanadores, exorcistas y diversos místicos. ‘Si alguno de ustedes puede curarme de esta locura, los recompensaré bien’ dijo.
“Viéndome cerca del príncipe, unos cuantos hombres malvados y crueles comenzaron a golpearme con palos y piedras. Afortunadamente no era mi momento para morir y un bondadoso hombre santo dio un paso adelante diciendo, ‘Dejen tranquila a esta pobre criatura. No tiene la culpa. ¿No saben que las bestias hablan mejor en su propio idioma? De alguna manera el príncipe fue capaz de entender a este ciervo.’
“El hombre santo aseguró al príncipe que no estaba poseído, ni loco. Sintiéndose mejor, él regresó entonces al palacio e hizo que me liberaran en el bosque. No obstante, por voluntad del Destino otra vez he caído víctima de la trampa del cazador.”
Moraleja: El destino no puede ser evitado
Mientras Moteado hablaba, Pasolento llegó de súbito a la escena. Se había abierto camino lentamente por el suelo, impulsado por el amor hacia su amigo y de alguna forma se las arregló para hallarlo.
“¡Pasolento! ¿Qué estás haciendo aquí?” dijo Dorado. “Esto no fue sabio. ¿Cómo escaparás a tiempo si llega el cazador?”
“¿Cómo podría estar lejos de amigos como ustedes?” dijo Pasolento. “En verdad se dice,
La vida misma no vale tanto
Como un amigo verdadero,
Ya que la vida se renueva con otro nacimiento,
Pero es difícil hallar otro amigo.”
Mientras Pasolento estaba hablando, llegó el cazador, arco y flecha en mano. En un santiamén Dorado mordió a través de las cuerdas de Moteado y salió corriendo hacia el bosque. Dorado se ocultó en un hueco de un árbol y Fugaz salió volando. Solo quedó Pasolento, sin poder escapar.
Viéndolo, el cazador dijo, “¿Una tortuga aquí en el bosque cerrado? ¡Qué extraño! No importa, el destino obviamente ha determinado que tuviera esta criatura y no el ciervo.”
Preguntándose como diablos Moteado se las había arreglado para liberarse de sus ataduras, el cazador entonces levantó a Pasolento y ató sus patas juntas. Luego lo colgó sobre una pértiga sobre sus hombros. “Por lo menos mi familia y yo comeremos algo hoy” gruñó mientras se encaminaba hacia su casa.
Al ver esto Dorado se angustió. “Es una calamidad tras otra” dijo. “Mi buen amigo Pasolento está siendo conducido a su muerte. ¿Qué podría ser peor?”
Después de lamentarse por algún tiempo, Dorado se serenó y les dijo a Fugaz y Moteado, “Tenemos que pensar en alguna manera de salvar a nuestro amigo.”
Después de considerarlo por algunos momentos, dijo, “Moteado, adelántate rápidamente y échate en el suelo cerca al agua, fingiendo estar muerto. Tú, Fugaz, ve con él. Pósate en su cabeza y aparenta picotear sus ojos. Sin duda el tonto cazador pensará que Moteado está muerto. Por codicia, seguramente dejará caer a Pasolento y tratará de tomar al ciervo. En ese momento, ustedes dos deben escapar.”
El plan funcionó perfectamente. Cuando el cazador vio al ciervo, saltó de alegría y dejó caer la tortuga. Pero al acercarse corriendo al ciervo, para su sorpresa, éste súbitamente saltó y huyó. Mientras tanto, con sus filosos dientes y garras, Dorado liberó a Pasolento quien entonces desapareció bajo el agua.
Viendo sus cuerdas cortadas y que había huido la tortuga junto con el ciervo, el asombrado cazador salió corriendo. Temió que alguna magia estaba en marcha y que él mismo estuviera en peligro. Lanzando preocupadas miradas en todas direcciones, corrió lo más rápido que pudo a través del bosque.
Los cuatro amigos entonces regresaron felizmente a sus hogares, “Ah, amistad,” dijo Fugaz. “Cuan cierto es el dicho,
Incluso sin tener nada,
Un hombre con sentido y educación,
Si posee buenos y confiables amigos,
Pronto alcanza sus fines deseados.”

Los Elefantes Salvados por Ratones


Había una vez una ciudad que había sido abandonada y había caído en la decadencia. Por muchos años, solo los ratones habían vivido allí, ocupando los agujeros del suelo de las destartaladas mansiones. Generaciones de ellos habían morado en la ciudad con gran comodidad y felicidad, sin ser molestados por otras criaturas.
Un día, un gran elefante macho, Señor de su rebaño los dirigía a un lago cercano, al pasar por la Ciudad de los Ratones, él y sus seguidores pisotearon miles de sus habitantes, dejando una huella de devastación en su camino. Los ratones sobrevivientes entonces llamaron a una reunión de emergencia para discutir el desastre.
“Este poderoso elefante amenaza aniquilarnos a todos, si continúa usando el mismo atajo hacia el lago” dijo uno de los ratones líderes.
“Eso es verdad”dijo otro. “Tal como una serpiente mata con su mirada y el rey con su sonrisa, el elefante mata por su mero toque.”
Los ratones decidieron que su única esperanza era aproximarse al elefante líder y rogarle para que tome otro atajo. Entonces una comisión de ratones fueron donde se encontraba el elefante líder y le hablaron así, “Buen señor, por largo tiempo hemos vivido pacíficamente en esta tierra. La hemos heredado de nuestros ancestros y hemos prosperado aquí por muchas generaciones. Sin embargo, su señoría, al pasar por este camino está causando estragos entre nuestra gente. Miles de nosotros han perecido, y tememos la destrucción total.”
Los ratones preguntaron si podían ser amigos de los elefantes. “Quien sabe, si nos ayudan ahora quizás en el futuro podamos prestarle algún servicio.”
El elefante pensó en ello por unos minutos y luego dijo, “Muy bien, noble ratón, acepto. Mis seguidores y yo iremos por un camino diferente. Pueden  permanecer tranquilos.”
Algún tiempo después cierto rey ordenó a sus cuidadores de elefantes que atrapasen más ejemplares de esta especie. Luego fueron al lago y en sus cercanías construyeron un lago como señuelo con una gran fosa cubierta de pasto. Como lo quiso el destino, el señor de los elefantes cayó dentro junto a muchos de sus seguidores. Los tramperos entonces los ataron con sólidas cuerdas y los llevaron a rastras. Como era de noche, los elefantes fueron atados a unos cuantos árboles macizos, con la intención de llevarlos a su ciudad por la mañana.
Durante la noche, el rey elefante pensaba tristemente. “¿Qué haré ahora? Una desgraciada vida en cautiverio pronto será mía, junto a estos otros que me han seguido.”
Entonces recordó a los ratones. “Seguro nos ayudarán” pensó y habló con una elefanta nodriza que había conseguido evitar la trampa.
“Ve de prisa a buscar a los ratones” dijo.
La elefanta nodriza obedeció y en breve llegaron miles de ratones a la escena. Inmediatamente comenzaron a roer las sogas y pronto fueron liberados todos los elefantes.
“Y por eso es que no desprecio la amistad de incluso la criatura más débil” dijo Moteado.
“Entonces que así sea” dijo Pasolento. “Seremos los mejores amigos, estoy seguro de ello.”
Moraleja: Incluso amigos débiles pueden ayudar.
Los cuatro comenzaron entonces a pasar juntos sus días, conversando felizmente sobre ética, filosofía y religión. Un día, no obstante, Moteado no apareció a la hora señalada para la reunión.
“¿Qué pudo haber sucedido?” dijo Pasolento. “¿Habrá sido atrapado por un cazador o quizás matado por un león?”
Le pidió a Fugaz que lo buscase. El cuervo partió enseguida y voló alto sobre el bosque. Después de un corto tiempo vio a Moteado debajo, atrapado en una trampa de cazador. Volando enseguida hacia abajo, dijo, “Querido amigo, ¿Cómo ha ocurrido esto?”
“Tuve mala suerte. Mi muerte está ahora cerca. Por favor perdona si alguna vez te he ofendido. Ve con tus amigos y ruégales perdón a ellos también. Ahora debo hacer las paces con la tierra, ya que pronto iré ante el gran señor de la muerte.”
“¡Tonterías! Con amigos como nosotros ¿Por qué habrías de morir? Aguanta mientras voy por Dorado. Él te liberará.”
Fugaz voló rápidamente de regreso con sus amigos. Llevando a Dorado sobre su espalda, entonces regresó inmediatamente con Moteado. Dorado estaba abrumado de tristeza al ver al ciervo atrapado. “Querido Moteado, eres una persona sabia y erudita. ¿Cómo entonces has caído en tal condición?”
“¿Por qué preguntar? ¿No somos todos indefensos ante la todo poderosa mano del Destino? Cuando la muerte llega ¿Quién puede enfrentarla? ¿Y quien sabe cuando vendrá, día o noche? Un hombre sabio por lo tanto espera que cada día sea el último, siempre manteniéndose preparado para su inevitable final.”
“No, no necesitas morir hoy” dijo Dorado. “Yo te sacaré de esto, pero aún estoy sorprendido que hayas caído en esta trampa.”
“No es tampoco la primera vez” dijo Moteado. “Déjame contarte que me ocurrió antes.”

Viril y el Chacal


En cierto bosque vivía una vez un poderoso toro llamado Viril. Habiendo abandonado a su rebaño, deambulaba a sus anchas por el bosque, cosechando el verde pasto y rompiendo las riberas del río con sus cuernos. En la misma región también vivía un chacal llamado Gritador.
Un día, mientras yacía recostado tranquilo con su esposa en un banco de arena al lado del río, Viril se dirigía hacia la costa del río para beber. Mientras el toro bebía, la esposa de Gritador notó su gran barriga. Girando hacia su esposo, ella dijo, “Sólo observa la enorme barriga de aquel toro. Sin duda se caerá tarde o temprano. Deberías seguir a este animal de cerca y pronto comeremos hasta hartarnos.”
Gritador no estaba seguro. “No mi amor. Quizás nunca caerá. Aquí por lo menos podemos comer el ratón de campo que viene a beber del río. Tú sabes lo que dicen los Vedas, “Nunca renuncies a lo seguro por lo inseguro.’”
Moraleja: No renuncies a lo seguro por lo inseguro.
“Oh, eso es no tener nada de iniciativa” contestó su esposa. Los Vedas también dicen,
Cuando el coraje se une con la sabiduría
Y la pereza se va,
Donde los planes se pongan en acción,
Sin duda el éxito vendrá.
La esposa del chacal dijo que estaba cansada de carne de ratón y que la barriga abultada del toro le parecía muy sabrosa. “Debes tenerlos. No pierdas tiempo antes que alguien más los obtenga primero.”
Gritador finalmente aceptó y comenzó a caminar detrás de este toro, esperando que algún día el toro cayera muerto. Pasaron diez años de esta manera hasta que al fin Gritador y su esposa se dieron cuenta que nunca tendrían lo que deseaban. Desilusionados, regresaron a su ribera y continuaron viviendo de ratón de campo.
“Así es que un hombre de riqueza es seguido por otros, incluso si no obtienen nada,” concluyó Simple.
“Bueno” dijo Destino, “Veo que estás decidido. Entonces haz esto. Ve a tu ciudad y busca dos hombres, Puñoapretado y Manoabierta. Estudia sus naturalezas y luego dime a cual de ellos deseas parecerte.”
Dicho esto, Destino desapareció y el desconcertado Simple se abrió camino de regreso a su ciudad natal. Primero fue a la casa de Puñoapretado, donde fue recibido sin gentileza como un invitado inoportuno. Aunque Puñoapretado era rico, renuentemente ofreció hospitalidad a Simple.
Esa noche, mientras Simple dormía, otra vez vio a Destino y Obras hablando juntos.
“¿Por qué hiciste que Puñoapretado le de comida a Simple?” preguntó Destino. “Él posee riquezas pero está destinado a nunca usarla o disfrutarla.”
“Hice lo que debo” contestó Obras. “Ahora tú haz lo que debes.”
Al día siguiente Puñoapretado estaba afectado por una enfermedad del estómago y no pudo comer nada. A Simple tampoco se le dio de comer y luego se marchó a ver a Manoabierta. Allí fue recibido con gentileza. Manoabierta lo alimentó bien y le mostró mucha hospitalidad.
Por la noche Simple vio nuevamente a Destino y Obras en su sueño. Destino desaprobaba que Obras hubiera hecho que Manoabierta diera caridad. “Tuvo que pedir prestado dinero para entretener a Simple. ¿Sabes que su Destino es tener justo lo que necesita?”
“Entonces haz tu trabajo” contestó Obras.
Al día siguiente Manoabierta recibió una inesperada ganancia por una devolución impositiva.
Después de observar todo esto, Simple se puso contento. Oró a Destino que se mantendría pobre pero satisfecho. “¿Qué uso tiene la riqueza cuando lo hace miserable a un hombre?” dijo.
“Por lo tanto, buen topo” dijo Pasolento, “sabiendo esto no deberías llorar por tu fortuna perdida. Nosotros trabajamos lo mejor que podemos, pero los resultados están en manos de Dios.  En consecuencia, el mejor camino es el de una vida religiosa y moral, estando satisfecho con lo que el Señor nos ha dado.”
Moraleja: El destino gobierna la felicidad
Mientras Pasolento hablaba,un ciervo corrió hacia el lago. Claramente en estado de pánico, miraba hacia todas partes y respiraba pesadamente. Fugaz salió volando hacia un árbol, Dorado se escondió en su agujero y Pasolento se zambulló en el lago. Después de explorar el área y viendo que no existía peligro, Fugaz llamó a sus amigos, “Salgan, no hay nada que temer. Este es solo un ciervo comedor de pasto. No hay nada más alrededor.”
Pasolento y Dorado salieron y junto con Fugaz se aproximaron al ciervo, que se llamaba Moteado.
“Eres muy bienvenido aquí” dijo Pasolento.
“Estoy siendo perseguido por cazadores” dijo Moteado. “Debo esconderme.”
Fugaz le aseguró que se habían marchado. “Los vi alejarse con las carcasas de otros animales que habían cazado.”
Respirando aliviado, Moteado se inclinó hacia abajo y bebió profundamente del lago. Cuando hubo terminado, preguntó si podía acompañar a los tres amigos.
“¿Pero qué podemos hacer para ayudarte?” preguntó Pasolento. “Necesitas hacer amistad con aquellos que puedan ayudarte en momentos de necesidad.”
“Eres muy virtuoso al hablar tan modestamente” dijo Moteado. “Ahora tengo incluso más ganas de ser tu amigo. Y en cuanto a ayudarme, bien, déjenme contarles la historia del ratón y los elefantes.”

El Destino del Carpintero


Había una vez un carpintero llamado Simple, él era muy experto en su profesión. Fabricaba los muebles más hermosos de la comarca, pero por alguna razón nunca se volvió exitoso. Otros carpinteros, quienes no eran ni remotamente expertos como él, eran ricos y exitosos, pero Simple apenas era capaz de mantener juntos el cuerpo y el alma.
Frustrándose cada vez más, le dijo un día a su esposa, “No puedo entenderlo. ¿Porqué están haciendo tanto dinero estos otros carpinteros? Mi trabajo es mejor y no obstante tengo que luchar todo el tiempo. Creo que debería mudarme de esta ciudad. Quizás mi fortuna pueda cambiar en algún otro lugar.”
“Lo dudo”, contestó su esposa. “Lo que será, será. No importa a dónde vayas.”
“No estoy seguro. El destino no es supremo. Si uno se esfuerza de la manera correcta puede cambiar el destino. Puede ser que la comida venga a la mesa por virtud del destino, pero sin levantar la mano hasta tu boca ¿cómo puedes comer? ¿Acaso los ciervos caminan hacia la boca del león? No, él debe cazarlos y atraparlos.”
Diciendo esto, Simple se decidió a marcharse y a hacer su fortuna. Viajó a Ciudadrica y permaneció allí por un año, durante el cual ganó trescientas piezas de oro. Contento con su triunfo, decidió regresar al hogar.
En el camino de regreso Simple viajó a través de un profundo bosque. Cuando cayó la noche, trepó a un árbol baniano para dormir. Cayó en un sueño y en él vio dos hombres de aspecto feroz discutiendo.
“Obras” dijo el primer hombre, “¿Porqué le has dado a Simple tanto oro? ¿No sabes que él no está destinado a poseer tanta riqueza?”
“Puede ser, Oh Destino” replicó el segundo hombre, “pero estoy obligado a dar a los hombres el resultado de sus trabajos. Es asunto tuyo decidir qué ocurre después.”
Simple se despertó de golpe, casi cayéndose del árbol. Buscó su bolsa de oro que había atado a su cinturón pero descubrió que ya no estaba.
“Oh, ¿Pero qué ha ocurrido?” gritó. “¿Cómo puedo ir a casa ahora? Mi esposa simplemente dirá ‘Te lo dije’.”
Simple entonces regresó a Ciudadrica. Trabajando otro año, hizo quinientas piezas de oro. Una vez más se dirigió a su ciudad natal y llegó al mismo gran árbol baniano donde había visto antes a las dos figuras.
“No perderé mi oro otra vez” pensó. “Esta vez no dormiré.”
Pero al poco tiempo, al caer la noche, el sueño lo superó. Y nuevamente vio en un sueño a los dos feroces hombres discutiendo juntos.
“Obras, lo hiciste de nuevo. Le diste a Simple quinientas piezas de oro, pero él no está destinado a tener absolutamente ninguna riqueza.”
“Entonces cumple con tu trabajo, Destino. Yo he cumplido con el mío.”
De nuevo Simple se despertó de golpe y de nuevo descubrió que su oro se había esfumado.
Lloró de desesperación. “Oh, ¿Qué es esto? ¿Qué sentido tiene la vida sin riqueza? Me mataré.”
Tomó un tramo de enredadera y se estaba preparando para colgarse del árbol baniano cuando escuchó una voz que advirtió. “¡Deténte! Todavía no estás destinado a morir. No cometas un acto imprudente. Soy yo el que ha tomado tu riqueza. No soporto ver que tengas ni un penique más que estás destinado a tener.”
Simple miró hacia arriba y vio al cuerpo inmenso y poderoso de Destino sentado en lo alto del árbol baniano. Siguió dirigiéndose a Simple. “Tú me has visto y esto no debe ser improductivo. Dime qué deseas.”
“Deseo mucho dinero” contestó Simple.
“Amigo, ¿de qué te servirá? No serás capaz de gastarlo o de darlo. En esta vida tienes asignada justo la cantidad suficiente de riqueza para sobrevivir.”
“No me importa. Todas las personas respetan a una persona adinerada. Es servida y seguida por otras incluso si mantiene su riqueza. Esto está bien ilustrado en la historia del chacal y el toro. Ahora escúchala.”

Sandili y las Semillas


Había una vez un brahmana muy pobre que vivía con su esposa llamada Sandili, vivían en una pequeña choza. Un día, en ocasión de un festival religioso, el brahmana le dijo a Sandili, “Querida dama, hoy saldré y mendigaré caridad. Estoy seguro que será un buen día para obtener donaciones. Mientras me voy, ¿Por qué no cocinas algo de comida? Cuando regrese, podemos ofrecerla a algún hombre santo.”
Sandili, cansada de su pobrísima existencia, replicó duramente, “¡Tonto hombre! No tenemos nada. ¿Cómo puedo dar caridad a otros? Desde que me casé contigo no he saboreado ni la más mínima felicidad.”
El brahmana inclinó la cabeza humildemente y dijo, “Buena mujer, tenemos lo que sea que el Señor ha ordenado para nosotros. Ningún hombre puede tener más que eso. Con razón se dice,
Cinco cosas son establecidas para todo hombre
Desde el momento que ingresa al útero,
Su destino, conocimiento, riqueza,
Y el momento exacto de su muerte.
Pero cualquier cosa que tengamos, debemos dar la mitad a los hombres santos, ya que de esta manera podemos ganar gran virtud.”
Sandili arrugó su rostro. “Virtud, virtud, solo piensas en eso. ¿Cómo puedo pensar en la virtud cuando somos tan pobres?”
“Debes hacerlo, buena dama. Toda felicidad vendrá de la virtud. Ahora ve que tenemos guardado y empieza a cocinar. Yo regresaré pronto.”
El brahmana entonces se marchó y su esposa empezó a buscar entre sus reservas. Hallando un saco de semillas de sésamo, las sacó y las descascaró. Luego de lavarlas, las puso al sol para que se secaran.
Un poco más tarde, un perro se acercó y por el llamado de la naturaleza, levantó una pata sobre las semillas y las orinó. Cuando Sandili vio esto dijo, “¡Qué destino tan cruel! ¿Cómo puedo usar estas semillas para alimentar a un hombre santo ahora?”
Juntó sus semillas y salió de su casa. Yendo de puerta en puerta, llamaba, “¿Quién me cambia algunas semillas con cáscara por las mías sin cáscara?”
Una dama la escuchó y pensó, “Esto parece un buen acuerdo.”
Tomando una bolsa de semillas frescas, salió y efectuó el intercambio con Sandili. Pero al entrar a su casa, su esposo, sabio en los temas del mundo, le dijo, “¿Qué has hecho, mujer? ¿Quién querría cambiar semillas sin cáscaras por semillas con cáscara? Obviamente existe una razón. Yo tiraría esas semillas en seguida. Has sido estafada.”
Moraleja: No puedes obtener algo de nada.
“Por eso es que digo que todo sucede por una razón” dijo Nalgas-anchas. “Ahora, veamos si podemos hallar la razón por la que este roedor es tan audaz y fuerte.”
Nalgas-anchas dijo que buscaría mis huellas por la noche y entonces encontraría mi madriguera y la excavaría. Escuchando esto, conduje a mis seguidores de regreso a la madriguera por una ruta tortuosa, esperando engañar a Nalgas-anchas. Pero en el camino nos tropezamos directamente con un gato. Él nos destrozó y muchos fueron muertos. Los demás volaron dentro de la madriguera, goteando sangre mientras huían.
Por supuesto, Nalgas-anchas pronto halló la huella de sangre que conducía hacia la madriguera. Tomando una espada él empezó a cavar. En poco tiempo cavó justo en mi guarida. Allí encontró toda mi reserva de comida, la que siempre me daba mucha fuerza.
“Aquí está la fuente del poder de esta criatura” dijo con una carcajada. “Limpiemos esto y estoy seguro que ya no verás más al topo y sus compañeros.”
Habiéndome ocultado aterrorizado mientras Nalgas-anchas estaba cavando, salí lentamente luego que se hubiera marchado. No podía soportar la visión de mi desolada madriguera, asolada y vaciada por el malvado Nalgas-anchas. Mi fuerza y vigor se fueron. No tenía voluntad para regresar a la casa de Oreja-torcida y tratar de robar su comida otra vez. Mis seguidores me abandonaron.
Profundamente apenado, me senté y reflexioné acerca de mi situación. Me sentía despojado de todo poder. Como el sol ilumina todas las cosas, así la fortuna y opulencia de un hombre hace que todas las otras cualidades sobresalgan, no pueden brillar si él está sumido en la pobreza. Todos sus amigos e incluso los miembros de su familia lo abandonan. Como la luna menguante, gradualmente se pierde su buen comportamiento. Las desgracias lo superan y sufre.
Gradualmente, mientras estaba sentado pensando, el desapego comenzó a invadirme. “¡Al diablo con la riqueza!” pensé. “Sin duda el anhelo por riqueza trae todo tipo de ansiedades. Por demasiado tiempo he estado esclavizado por mis deseos de riqueza y disfrute. Me he inclinado y arrastrado ante hombres malvados, he comido despreciables restos de comidas, he bebido agua pútrida y nauseabunda, he sufrido el dolor insoportable por la separación de los seres queridos, he caminado muchas millas agotadoras y he dormido en escabrosas dunas –todo simplemente por satisfacer a la Diosa Deseo. ¡Suficiente! Déjenme retirarme al bosque. Viviré de cualquier pequeña comida que encuentre día a día. De esta manera, me volveré pacífico. Pensé acerca del proverbio,
Conocimiento es visión verdadera, no lo que los ojos ven.
Satisfacción a solas es verdadera prosperidad.
La conducta otorga nobleza, no el nacimiento.
Y la virtud muestra el verdadero valor del aprendizaje.”
Entonces me abrí camino hacia lo profundo del bosque y cavé una nueva madriguera. Poco tiempo después, Lustroso vino a mí, atrapado en la red del cazador de aves.
“¡Anímate, amigo mío, anímate” dijo Pasolento. “Aquí tienes en Fugaz a un verdadero amigo. Aunque él sea tu enemigo natural, él te ha traído bondadosamente hasta aquí. Mientras que todos son amigos en tiempos de prosperidad, el verdadero amigo es únicamente aquél que está en tiempos en que golpea la adversidad.”
Pasolento aconsejó a Dorado que ponga voluntad. “No te lamentes de tu destino. Algunos hombres están destinados a disfrutar, incluso si no son ricos, mientras que otros pueden tener riqueza y no son capaces de disfrutar. Escucha el relato de Simple, el carpintero.”

Las Desventuras del Topo


Hace algún tiempo atrás yo vivía cerca de un monasterio. Había un viejo monje llamado Oído-torcido quien residía allí pacíficamente, viviendo de la comida que obtenía por mendigar. Cada mañana efectuaba sus rondas en la ciudad cercana, regresando al mediodía con una rica selección de sabrosas comidas –frutas, dulces, arroz, suculentos vegetales y granos de trigo.
Después que tomaba su comida, ponía los remanentes de la comida en un gran cuenco y lo colgaba de un gancho de marfil en su habitación, destinado para los asistentes al templo de la mañana. Sin embargo, tarde por la noche, yo me abría camino hasta la habitación tomando aquella comida, comiendo un poco y tirando otro poco para mis amigos y seguidores.
Oreja-torcida lo intentó todo para detenerme, poniendo la comida más y más alto y moviéndola alrededor de su cuarto, pero de algún modo yo siempre me las arreglaba para tomarla.
Un día un amigo, Nalgas-anchas, otro monje que vivía lejos, lo visitó. Lo recibió con todos los rituales acostumbrados de hospitalidad y los dos se sentaron juntos para hablar. Cayó la noche mientras hablaban y yo me escurrí en su habitación como de costumbre para procurarme algo de comida. Escuchando el ruido que hacía, Oreja-torcida comenzó a golpear un cuenco para espantarme fuera de la habitación.
“¿Qué estás haciendo?” Preguntó Nalgas-anchas. “¿Estás aburrido de mi charla? ¿Por qué haces todo ese ruido? Desde que estuvimos hablando parecías distraído todo el tiempo, contestándome vagamente. ¿Es esta la forma de tratar a un invitado?” Oreja-torcida se disculpó profusamente y dijo, “Perdóname. Un roedor que sigue robándome la comida me está acosando. Parece no haber manera de detenerlo. Golpeo este cuenco intentando atemorizarlo, pero sigue viniendo.”
Oreja-torcida le contó a su amigo que sin importar cuan alto pusiera la comida, igual era robada.
“Interesante sin duda. Creo que debe haber alguna razón de porqué este roedor es tan descarado y capaz. Debe haber acumulado un montón de comida, ya que cuando uno es rico se pone eufórico y aumenta su energía.”
Moraleja: La riqueza motiva a un hombre y lo hace exuberante.
Nalgas-anchas se levantó y buscó mi agujero por toda la habitación. “Todo tiene una razón” dijo. “Escucha el cuento de Sandili y las semillas de sésamo.”

El Cuervo y sus Compañeros


En una antigua ciudad conocida como Pramada, entre las ramas de un majestuoso árbol baniano, moraba un cuervo llamado Fugaz. Muchas otras aves vivían también en aquel árbol. Un día llegó un cazador de aves con la intención de atraparlas. Fugaz lo vio aproximarse, el cazador estaba oscuro y sucio, de rasgos feroces y ojos inyectados en sangre, parecía el dios de la muerte con un palo y una red en sus manos.
“¡Vishnu sálvame!” exclamó Fugaz. Voló hacia una alta rama del árbol y observó al cazador con interés, gritando en advertencia a las otras aves.
El cazador extendió su red, esparció algunos granos por todo alrededor y luego se escondió no muy lejos. Alertadas por Fugaz, las aves del árbol miraron los granos como si fueran veneno mortal y se mantuvieron apartadas.
Justo en ese momento, Lustroso, el rey de las palomas, volaba cerca con muchos de sus seguidores. Avistando los granos del suelo, voló hacia abajo con todas las otras palomas, en medio de un gran revoloteo de alas. A pesar de las enérgicas advertencias de Fugaz, empezó a picotear el grano. Inmediatamente él y todas las otras palomas fueron atrapados en la red del cazador.
“Oh, tan solo observen” exclamó Fugaz. “Cuanta verdad hay cuando los Vedas dicen,

Cuando llega el momento de la
Calamidad con todas las adversidades
Las mentes de los hombres son súbitamente
Arrojadas a la incertidumbre.
Sin duda el destino es todo poderoso. Incluso la persona más inteligente actúa neciamente cuando es conducida por un destino adverso.”
El cazador sonrió muy feliz y saltó fuera de su lugar de escondite. Viéndolo avanzar con el palo en la mano, Lustroso pensó rápidamente. Le dijo a sus compañeros, “Compañeras palomas, que no cunda el pánico. Es de suma importancia que ahora actuemos juntas. Hemos caído todas juntas en esta red y juntas podemos también escaparnos.”
Lustroso instruyó a las palomas que todas volaran hacia arriba exactamente en el mismo momento. De esta manera, todas juntas levantarían la red y la llevarían lejos. “Pero debemos estar completamente unidas. Cualquier desunión creará confusión y seremos destruidas.”
Las aterrorizadas palomas siguieron las directivas de Lustroso y se apoderaron de la red, volando hacia arriba como una flecha lanzada por un arco. Planeando en el aire, volaron lejos con la red aun cubriéndolas.
El cazador miraba el cielo con el rostro hacia arriba. “Qué asombroso es esto” dijo. Empezó a perseguirlas, murmurando para sí mismo. “Indudablemente estas aves pronto discreparán unas con otras. Entonces caerán a tierra y las atraparé fácilmente.”
Fugaz observaba esto con asombro. Preguntándose que ocurriría luego, siguió a las aves y al cazador. Mientras tanto, Lustroso, advirtiendo que el cazador les seguía la pista le dijo a las otras palomas que volaran hacia el bosque. “Volemos sobre bosques y suelos pedregosos, haciéndole difícil la persecución a este hombre cruel.”
Las palomas hicieron exactamente eso y poco tiempo después el cazador, luchando por mantenerse a la par de ellas, decidió regresarse, rotas sus esperanzas. Pensaba para sí mismo, recordando un proverbio:
“Lo que no será, nunca lo será,
Mientras que lo que debe ser ocurre fácilmente.
Aquello a lo que uno no está destinado a poseer,
Está perdido, incluso mientras yace  en las manos de uno.
Sin duda cuando el destino está en contra de una persona, incluso si obtiene riquezas, la pierde rápidamente y se lleva algo más al marcharse.”
Viendo al desilusionado cazador regresar por donde había venido, Lustroso dijo a las demás palomas, “El peligro acabó. Ahora podemos ir a casa. Pero primero debemos deshacernos de esta red. Los llevaré junto a un amigo mío, Dorado, el topo. Con sus afilados dientes, él nos liberará pronto.”
Lustroso y las otras palomas pronto llegaron a la madriguera de Dorado, que poseía cien entradas, y aterrizaron cerca. Dorado escuchó la conmoción fuera de su madriguera y permaneció escondido adentro, acobardado por el miedo.
Lustroso lo llamó, “¡Dorado! Sal de ahí. Es tu viejo amigo Lustroso.”
Dorado estaba encantado al escuchar la voz de su amigo. Salió corriendo a verlo. Hallando a Lustroso y sus compañeros enredados en la red, preguntó, “¿Qué es lo que ha sucedido?”
“Ah, sí, podrías preguntártelo amigo mío. ¿Pero no es obvio para un entendido colega como tú? Hemos sido víctimas de una suerte desfavorable. Por qué, cómo y qué son preguntas solamente hechas por aquellos que no saben que todo yace en las manos del destino. Todos reciben los resultados inevitables de sus propios actos pasados. Y sin duda esta es la causa de nuestro problema.”
“Cuan cierto” dijo Dorado. “Incluso hombres muy inteligentes son aquejados por sufrimientos. El todo poderoso Tiempo nos destruye a todos eventualmente.”
Dorado entonces comenzó a roer las cuerdas de la red alrededor de Lustroso, pero la paloma lo detuvo. “No, amigo mío. Por favor libera a las otras palomas primero. Como el líder de ellas, es mi deber verlas a salvo antes que yo.”
“Bien dicho señor. Ciertamente liberaré primero estas otras palomas, como tú dices.”
El topo luego mordió las cuerdas y liberó a todas las palomas, una por una. Cuando finalmente fue liberado Lustroso, dijo, “Gracias, Dorado. Sin duda una persona puede conseguir cualquier cosa si tiene buenos amigos que lo ayuden.”
Moraleja: La Amistad supera la adversidad
Las palomas entonces volaron lejos. Fugaz había estado observando todo desde un árbol cercano. Miró fijamente la madriguera de Dorado. Sin duda sería muy bueno tener a este topo como amigo. Fugaz voló hacia la madriguera de Dorado y llamó, “Dorado, buen señor, por favor sal y recibe a un amigo.”
“¿Y quién eres?” dijo la voz de Dorado desde dentro de su madriguera. “¿Eres una paloma aún atrapada en la red?”
“No, soy yo, Fugaz el cuervo.”
Dorado corrió a refugiarse profundamente en su guarida y gritó, “¡Márchate! Aléjate. No deseo verte.”
“Estoy aquí por un asunto importante. Por favor sal de adentro.”
“¿Oh sí? Bueno señor, tú eres el comedor y yo la comida. ¿Cómo podemos ser amigos? Márchate en seguida.
“No entiendes, estoy aquí buscando tu refugio, no para comerte. Honorable topo, vi como liberaste a mi muy buen amigo Lustroso. ¿Por qué yo sería tan tonto como para atacarte cuando también podrías haberme salvado, dada la ocasión?”
“No estoy convencido. Uno nunca debe trabar amistad con un enemigo. El agua, incluso cuando está caliente, apaga un fuego.”
“Ni siquiera me has visto, nunca me has visto. ¿Cómo podemos ser enemigos?”
Dorado permaneció profundamente en su madriguera. “Hay dos tipos de enemigos” dijo. “Uno proviene de desacuerdos, y el otro es el enemigo natural. La primer clase de enemistad puede terminar mediante la discusión, pero la segunda clase, nacida de la naturaleza, solo termina cuando se derrama sangre.”
“Yo solo deseo ser tu amigo, noble topo.”
“Puede ser, pero ¿por qué razón? ¿quién busca la amistad de otro mas que por motivos egoístas?”
“Quizás eso sea verdad en la mayoría de los casos, pero no aquí. Yo busco tu amistad solo por tu bondad, ya que las personas inteligentes siempre desean la amistad con el bueno. Dicha amistad es como una vasija de oro –difícil de romper pero fácil de reparar. Por el otro lado, la amistad con villanos es como una vasija de barro –fácil de romper pero difícil de reparar.”
Dorado aún no estaba convencido. Fugaz permanecía en las entradas de su madriguera, esperando verlo salir, pero el topo permanecía profundamente dentro. Fugaz intentó otra vez, “Oh virtuoso, confía en mi. Me voy a ver obligado a convencerte mediante promesas para no lastimarte.”
Desde dentro de su madriguera Dorado rió. “Oho, ¿promesas eh? ¿No es así como se derrotan los enemigos? Primero con su confianza en las falsas promesas, y luego abalanzarse sobre ellos. Aquel que confía en la palabra del enemigo es rápidamente destruido.”
Fugaz estaba perplejo. Parecía que no había forma de convencer al topo de sus buenas intenciones. Deseaba incluso más hacerse amigo de él, viendo cuan obviamente sabio que era. Después de pensar por algunos minutos finalmente dijo, “Los eruditos han declarado que se traba amistad con el bueno después que se digan siete palabras, o se hallan hecho siete pasos juntos. Por lo tanto ya somos amigos. Si, no obstante, tú no aceptas esta amistad, renunciaré a mi vida en este mismo lugar.”
Escuchando esto, Dorado se alarmó. ¿Y si Fugaz era sincero? Parecía muy decidido a hacer amigos. Nunca estaría bien que cometa suicidio. Dorado recordó un proverbio.
Un favor hecho no muestra a un amigo
Ni una herida muestra a un enemigo
Si el corazón es verdadero o falso
Es la única forma de saber.

“Parece que el corazón de este cuervo es sincero” pensó Dorado. Decidiendo que se acercaría a Fugaz, salió de su madriguera. Pero al llegar cerca del cuervo, súbitamente corrió a refugiarse a otra de las entradas a la madriguera.
“¿Qué ocurre, amigo mío?” preguntó Fugaz.
“Bien, aunque confío en ti, temo que tengas algunos amigos que no sean muy confiables.”
“Querido amigo, ¿Cómo puedo permitir que ocurra tal cosa? Aquel que abandona a un buen amigo para obtener otro es como un hombre que planta mijo ordinario en un campo de arroz, destruyendo así el cultivo bueno.”
Dorado se sintió totalmente seguro. Salió y abrazó a Fugaz por algún tiempo. El cuervo dijo entonces, “Espera aquí, amigo mío, mientras voy a buscar algo de comida.”
Fugaz entonces salió volando y pronto halló la carcasa de un toro que había sido dejado por un león. Después de comer hasta saciarse, rasgó un pedazo de carne y se lo llevó a Dorado.
“Toma esto y cómelo” dijo Fugaz.
Dorado entonces mostró a su amigo la pila de granos que había juntado. “Tú también deberías comer.”
“Ah, qué amable eres” dijo Fugaz. “Dar y recibir regalos, intercambiar secretos, ofrecer y tomar comida –estos son los seis signos de afecto mencionados en las escrituras.”
A medida que pasaba el tiempo, Fugaz y Dorado se hicieron más íntimos. Dorado se acurrucaba felizmente bajo las alas del cuervo y así pasaban el tiempo felizmente discutiendo moralidad y filosofía.
Un día, sin embargo, Fugaz llegó junto a Dorado con lágrimas en los ojos. Con voz ahogada dijo, “Querido amigo, creo que debo abandonar este lugar.”
“¡No! No digas eso. ¿Por qué?”
“Ha habido una terrible sequía. La gente hambrienta ya no deja ni el más mínimo resto de comida para aves como yo. Incluso están poniendo trampas para cazarnos. Ya no me siento seguro aquí.”
“¿Dónde irás?”
“Lejos, en el sur conozco una tortuga llamada Pasolento, que es un buen amigo. Él me traerá pescado para comer, estoy seguro.”
“Entonces llévame contigo. Yo también estoy sintiéndome muy apenado acá.”
“¿O? ¿Qué quieres decir?”
“Vayámonos hacia el sur y te contaré al llegar.”
Fugaz dudaba. “Es un largo camino. ¿Cómo viajarás tan lejos?”
“Llévame en tu espalda. Me aferraré a ti.”
Fugaz asintió felizmente con la cabeza. “¡Muy bien! Puedo continuar disfrutando de tu compañía. Sube a bordo entonces y partiremos.”
Mediante una serie de largos vuelos, Fugaz finalmente llegó al lago donde vivía Pasolento. Viendo al cuervo acercándose con un topo en su espalda, Pasolento sintió miedo. “Qué extraña visión” pensó y rápidamente se sumergió bajo las aguas del lago.
Fugaz aterrizó cerca del lago. Dorado saltó fuera y encontró un agujero donde ocultarse. Fugaz entonces llamó “¡Pasolento! Buen señor, por favor ven a ver a tu viejo amigo Fugaz.”
La tortuga sacó la cabeza fuera del agua y miró hacia arriba a Fugaz. Reconociéndolo, su cuerpo tembló de deleite y dijo, “¡Qué alegría! Qué bueno verte otra vez.”
Se abrazaron por algunos momentos y luego se sentaron a intercambiar noticias. Mientras hablaban, Dorado se les acercó y Pasolento dijo, “¿Quién es este topo? ¿Cómo es que lo trajiste hasta acá, cuando tendría que haber sido tu comida?”
“Este es Dorado, mi muy buen amigo. Él es sabio, bueno y lo considero prácticamente como mi segundo cuerpo. Pero él ha optado por abandonar su hogar y familia y venir aquí conmigo.”
“Oh, ¿Y por qué hizo eso?” preguntó Pasolento y Dorado comenzó a narrar su relato.